Luego del desastre

Al dar el primer paso para salir de mi casa luego del huracán, supe que todo sería diferente. Aún llovía y se escuchaba el viento alrededor, pero ya no habían hojas en los árboles para confirmarlo. Todo estaba gris, no habían pajaritos volando, no habían insectos en ninguna parte, y los árboles que habían crecido conmigo ahora yacían en el suelo. Esa primera mirada al exterior fue abrumadora.

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[Foto por Andrea Goveo]

Poco a poco, uno a uno, iban saliendo los vecinos mirando alrededor, sorprendidos, analizando el daño causado por los vientos. Los caminos eran intransitables, por lo que entre todos fuimos por todo el vecindario con sierras, machetes, hachas y otras herramientas para sacar de la carretera todos los árboles caídos y los escombros. Nunca había presenciado un momento así, estaba todo el vecindario cooperando, todos en el mismo lugar con un mismo objetivo. Mientras limpiábamos el camino y se unían más vecinos, también íbamos verificando las pérdidas e identificando quiénes necesitaban ayuda.

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[Foto por Andrea Goveo]

Los siguientes meses fueron muy complicados. No teníamos servicio de agua, por lo que nos bañábamos en una quebrada que hay cerca del sector y cada vez que llovía recogíamos cubos de agua para poder limpiar la casa y utilizar los baños. Por mucho tiempo se nos hizo difícil comunicarnos con nuestros familiares, por lo que tuvimos que esperar unos días para poder viajar por el expreso hasta Lajas a verificar que todos estuvieran bien. Fueron días muy difíciles, llenos de incertidumbre.

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[Foto por Andrea Goveo]

Durante este tiempo pude ver toda la necesidad que había tan cerca de mí y yo ni sabía. Junto a Cáritas de Puerto Rico, participé en un proyecto de ayuda a la comunidad. El proyecto consistió en ir casa por casa, apuntando las necesidades de cada uno para poder proveer con ayudas. Fue por eso que pude ver de primera mano todos los escombros que dejó María en las vidas de tantos.

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Fueron seis meses sin luz, seis meses que tuve que ajustarme para poder continuar con mi vida. Y aún después de esos seis meses no salimos de los problemas monetarios. Aún a un año de María se ve el mal manejo de los recursos, se ve el sufrimiento y la indiferencia de algunos.

Si tuviera que elegir una palabra para describir lo que sentí antes, durante y después del huracán María, ésta sería desconcierto. Era tanto el desespero y tantos los acontecimientos que mi mente era incapaz de registrar que sí, era parte de lo que estaba pasando y que sí, mi vida estaba cambiando justo en esos instantes. Era como si mi vida estuviese pasando frente a mis ojos en un televisor, no me sentía presente.

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